Hoy en día, estamos siempre a la expectativa de cómo nos dislumbra la ciencia para actuar en una sociedad donde impera el discurso que tiene como característica la objetividad, "transformando nuestro cuerpo en un nuevo Dios", como Eric Laurent afirma; de allí la demanda paterna del por qué hoy en día los jóvenes son tan "superficiales". Es pues, una mirada que nos deja a un lado la subjetividad y el mundo simbólico que, verdaderamente es la que determina nuestra existencia.
Para el psicoanálisis, la concepción del sujeto es distinta, en tanto que no se refiere al humano como individuo o cómo persona; se refieren al sujeto en relación al lenguaje (lo simbólico), siendo éste lo que verdaderamente nos diferencia de los animales. Por otra parte, el derecho y la filosofía difieren cuando hablan de la diferencia de nuestro ser, a partir de un proceso netamente psicológico: la racionalidad, concepción que si bien nos ponemos a pensar, es por el lenguaje que razonamos.
Para continuar, afirmaremos que el sujeto está desligado radicalmente del organismo (no desvirtuando el plano organísmico del mismo, siendo la genética aún parte de nosotros), consecuencia y efecto del lenguaje, ya que es éste último, aquel que determinará la existencia o la no existencia del sujeto. Con lo anterior, podríamos deducir que antes de nacer (cuando nuestros padres ya nos están nombrando) y después de la muerte (cuando aún estamos en las memorias de nuestros seres queridos) existe un sujeto, condición que está mediada por la palabra.